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Hijos de la banda ancha: Nativos Digitales

Nací en 1966, en un mundo sin ordenadores personales ni Internet, de televisión en blanco y negro, música en cintas de cassette y fotografía en papel. IBM lanzó su primer PC en 1981 cuando yo tenía 15 años, aunque no vi el primero hasta los 19, y el primer acceso de un ciudadano particular a Internet en España es de 1994, cuando yo ya tenía 28. Los que nacieron en 1985 tienen a su alcance ordenadores conectados a Internet desde mucho antes de que tengan uso de razón, filman videos con su teléfono móvil y los publican en YouTube con sólo pulsar un botón. Usan más el SMS que la llamada telefónica, y les resulta más obvio el chat que el mail, que ya ven como algo superado. Ciertamente, somos diferentes. (Genís Roca)

 

“Nativos digitales”, ¿Qué son?

 

Los nativos digitales –también llamados “generación net”- son aquellos jóvenes nacidos en plena implementación de las nuevas tecnologías, esos que llegaron al mundo con una conexión a Internet debajo del brazo y han hecho de esta conectividad permanente una forma de vida. Manejan infinidad de aparatos, se conectan a Internet varias veces al día y las nuevas tecnologías están presentes en todas las tareas que desempeñan. La dependencia es a veces tan grande que el hecho de no tener esa conexión les limitaría y condicionaría hasta imposibilitar la consecución de dichas tareas. Al parecer, el término “nativo digital” fue acuñado por Marc Prensky en 2001. Aunque hay acuerdo en cuanto a su significado, existen bastantes discrepancias en torno a dónde situar en el tiempo el nacimiento de esta generación.

 

“Nativos digitales” frente a “inmigrantes digitales”

 

El concepto de “inmigrante digital” nace en contraposición al de “nativo digital”, y hace referencia al adulto nacido en la era analógica pero que ahora ve cómo el universo tal y como lo conocía queda obsoleto y se desvanece. Mientras que los nativos no han tenido que desenvolverse en otro universo que el de la digitalización, los inmigrantes se han visto envueltos en él sin otra opción que adaptarse a sus cambios o, al menos, aprender a convivir con ellos. Para los inmigrantes digitales no siempre resulta fácil entender el nuevo lenguaje que la digitalización ha traído a nuestras vidas. Esta situación puede provocar muy diversas reacciones, que van desde el desánimo y la apatía hasta el entusiasmo y el deseo de renovación. ¿Qué puede hacer un inmigrante digital cuando siente que el mundo, tal y como se configura hoy en día, se le escapa de las manos por la omnipresencia de una tecnología que no sabe manejar?

 

En los casos más extremos, a nativos e inmigrantes digitales les separa un abismo tan grande que se traduce en visiones casi opuestas de la vida. Un ejemplo: para un nativo digital, la tecnología es indispensable a la hora de llevar a cabo todas sus tareas cotidianas. Sin ella, todo sería más difícil y se sentiría aislado, incomunicado, perdido. Las nuevas tecnologías son un instrumento maravilloso que nos hace la vida más fácil y satisfactoria. En cambio, para un inmigrante digital, las nuevas tecnologías pueden llegar a ser una auténtica pesadilla. Convierten cualquier sencilla actividad en una ardua tarea, son de difícil manejo, costosas e incomprensibles. Para un nativo el móvil, el iPod, el ordenador o su perfil en una determinada red social es algo interno. Es parte de sí mismo, de su identidad y de su vida. Un inmigrante digital a menudo no conoce muchos de estos inventos o simplemente le parecen algo accesorio.

 

¿Qué separa a unos de otros? ¿A qué se debe esa diferencia a la hora de enfrentarse al reto de la vida digitalizada? Simplemente unas décadas de avance tecnológico, no más de una generación. Por supuesto, esta es una explicación caricaturizada. Muchos adultos han sabido insertarse perfectamente en esta nueva sociedad y emplean las nuevas tecnologías con destreza suficiente. Además, como señala Genís Roca, habría que tener en cuenta otros factores como el tiempo dedicado a la experiencia digital. No obstante siempre hay algo, un matiz o una actitud que los distingue de los nativos digitales.

 

¿Qué tienen ellos que no tengan los demás?

 

Las nuevas tecnologías han desarrollado de manera extraordinaria en nuestros jóvenes una serie de capacidades que seguramente los adultos tienen más adormecidas. Por subrayar algunas de ellas, podemos hablar del multitasking (“multitarea”, la posibilidad de desarrollar al mismo tiempo varias actividades), menos miedo a equivocarse, y la capacidad de síntesis y abstracción, cualidades sin las cuales el manejo de las nuevas tecnologías se hace imposible. Ese es, precisamente, el problema de los inmigrantes digitales: que por no haber nacido inmersos en la era de la digitalización no tienen asimilada la inmediatez que caracteriza a esta nueva sociedad, ni poseen una capacidad de síntesis y abstracción tan desarrollada cuando se trata de lidiar con un ordenador. Lo más habitual es que en esto sus hijos les llevan años luz de ventaja: mientras que un chaval de diez años puede moverse a las mil maravillas por el menú de un teléfono móvil con la única ayuda de su intuición, para un adulto ese mismo menú puede ser un auténtico laberinto.

 

Los inconvenientes de haber nacido “digitalizado”

 

Sin embargo, no todo son ventajas. Como acabamos de ver, los nativos digitales poseen estrategias y destrezas fuera del alcance de sus mayores, pero el hecho de haber nacido en la era de la digitalización también les ha generado muchas carencias: dificultades en la comunicación cara a cara, disminución de las actividades de ocio y tiempo libre fuera del hogar, impaciencia, necesidad de una gratificación instantánea, fragmentación en los discursos debido a la no-linealidad de la lectura a la que están acostumbrados, empobrecimiento acelerado de su lenguaje… Éstos son sólo algunos ejemplos de los efectos negativos que puede ejercer sobre los chavales una dependencia excesiva de la tecnología.

 

Un cambio obligado que afecta a todos

 

Los inmigrantes digitales se enfrentan a un gran desafío si quieren llegar a los nativos de manera eficaz, y para ello deben actuar desde todos los frentes. Las estrategias tienen que renovarse, puesto que no es lo mismo dirigirse a un ciudadano analógico que a uno digital. Un profesor no puede comunicarse hoy con sus alumnos de la misma forma que hace veinte años si quiere hacerse entender. Tenemos que comunicarnos con chicos y chicas que serán votantes, empresarios, empleados, consumidores… Para ello debemos conocer su lenguaje y adaptarnos a él, y no cabe duda de que el proceso de cambio ya ha comenzado.


2 Respuestas a “Hijos de la banda ancha: Nativos Digitales”


  1. Marzo 8, 2009 a las 6:53 am

    La dependencia tecnológica es tal que realmente he visto estos problemas con muchos de mis propios compañeros, nací en medio del nacimiento de todo esto, y crecí como bien dices con una parte digital, pero también a diferencia de muchos, mis padres siempre nos han motivado a hablar de frente, a aprovechar al máximo las tecnologías sin olvidar que es más importante el contacto humano. Siempre nos han motivado la lectura, el auto aprendizaje, el auto análisis, y a tener una vida social independiente y totalmente separada de la tecnología.

    Las ventajas de vivir en una era tecnológica son innegables, tanto como los perjuicios que con ella llegan. La falta de cultura propia, la falta de una identidad fuera de una vida online es un problema que azota cada día más a nuestras sociedades, de por si ya separadas por las creencias, los tabus, tanto como por las exigencias; lo que hace cada día más fácil hablar con amigos que tienen los mismos problemas, que con nuestros propios padres.

    Tengo que reconocer que no puedo pasar mucho tiempo sin conectarme, y mucho menos sin enviar un mensaje de texto, aunque si utilizo mucho más el teléfono para llamadas que la mayoría de mis amigos. Y considero que para muchas cosas el utilizar servicios como el messenger, y los mensajes de texto o multimedia, es algo inadecuado y prefiero hablar de frente, para evitar confusiones y mal entendidos. Por lo que he trato de desconectarme más que antes.


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